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Segmentación ocupacional PDF Imprimir E-mail
Escrito por Camila Alvear   
Domingo, 27 de Julio de 2008 19:26

La segmentación del trabajo nos habla sobre las tendencias de las mujeres y los hombres a concentrarse en diferentes ocupaciones. Así pues en Chile, al igual que en la mayoría de los países del mundo, las diferencias de género inciden en la distribución ocupacional, reflejando la selección del empleador frente a las cualidades individuales de los y las trabajadoras, y en cierto modo también la elección que hacen las y los trabajadores dependiendo de su grado de autonomía. La segmentación del trabajo se vuelve discriminatoria contra la mujer cuando su factor decidor es el género, restringiéndolas a determinados oficios relacionados con los roles de género que les son tradicionalmente asignados.

Si hacemos un análisis ocupacional general de las mujeres por rama y categoría nos daremos cuenta de que "las mujeres trabajan como empleadas domésticas, como empleadas en el comercio, como empleadas en servicios públicos o privados, como trabajadores por cuenta propia en el comercio, como obreras en la industria, como empleadas en sector financiero y como obreras agrícolas"[1].

La participación laboral de las mujeres se ha concentrado más en el sector de servicios comunales, sociales y personales, con un considerable 42,8%, seguido de comercio (27,0%), servicios financieros (10,1%), e industria manufacturera (9,5%)[2]. Esta segmentación no es inocente, las ocupaciones femeninas son aquellas que por lo general ofrecen los sueldos más bajos, concentrando la pobreza mayoritariamente en los hogares cuyo único proveedor es la mujer. Esto ha sido reconocido a nivel internacional y se ha plasmado en el Informe de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (conocida como Plataforma de Beijing), donde se expone que "En los estratos más pobres, muy a menudo es la mujer quien mantiene el hogar debido, entre otras cosas, a la discriminación en materia de sueldos, a los patrones de segregación ocupacional en el mercado laboral y a otras barreras basadas en el género"[3], y concluye haciendo un llamado a los Estados a reformular las escalas de sueldos y salarios en las profesiones en que predominan las mujeres, como la enseñanza, la enfermería y la atención de los niños, con miras a mejorar su categoría y aumentar la remuneración conexa"[4].

Son múltiples las consecuencias adversas que produce la segmentación ocupacional, tanto en el ámbito del bienestar de las personas y la pobreza, como en la eficiencia del mercado, perpetuando además los estereotipos tradicionales de género. Hay que considerar, además, que en las mujeres la segmentación se produce en forma más aguda que en los hombres; de esta forma, las tres ocupaciones que tradicionalmente concentran a la mayor cantidad de mujeres alcanzan un 79,9% de la fuerza trabajadora femenina, en cambio las tres ocupaciones en que más se desenvuelven los hombres no alcanza el 50% del total de trabajadores[5], de lo que se deduce que están distribuidos en muchas más ocupaciones, lo que significa una ventaja a la hora de enfrentar los cambios del mercado laboral, reduciendo sus riesgos y abriéndoles una gama de trabajos como alternativas en diferentes actividades y sectores.

El aumento de las tasas de participación debiera traer repercusiones favorables tanto para la economía como para la distribución de la riqueza y reducción de la indigencia, pero no se han producido todos los resultados esperados. Esto se explica por la precaria condición de trabajo que experimenta un número significativo de las mujeres que se han sumado a la población activa, y a quienes las actividades comerciales que desarrollan les generan sólo lo necesario para vivir, ya sea por la discriminación salarial -lo que veremos en el siguiente acápite- o por la segmentación del trabajo que las lleva a puestos de baja productividad y nivel de responsabilidad. Lo anterior se hace manifiesto cuando verificamos que las mujeres conforman la mitad de la fuerza laboral que trabaja como empleada de oficina, vendedora y trabajadora de los servicios, lo que no se replica cuando hablamos de los puestos gerenciales o directivos. Por dar un ejemplo; sólo un 2% de las empresas que cotizan en la Bolsa de Santiago tienen a alguna mujer en un cargo gerencial[6].

La segmentación del trabajo lleva a las mujeres a ocupar puestos de trabajo en el sector informal de la economía, donde además de una menor estabilidad laboral, deben enfrentar los más fuertes rasgos de desigualdad y discriminación sexual. Este problema de la informalidad se ha ido manifestando en constante alza, perjudicando mayormente a las mujeres[7], que son las más atractivas para este mercado producto de su vulnerabilidad. Esto trae consecuencias perniciosas al momento de evaluar la calidad y cantidad de empleo, toda vez que al mantener a estas trabajadoras alejadas de la protección social de salud y previsión, las excluye también de las estadísticas, haciendo más difícil identificar la situación de trabajo y generar políticas para la mejora de la calidad de éste.

Esta preocupación fue manifestada por el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer, al evaluar que sólo un 39,7% de las trabajadoras de bajos ingresos tiene contrato de empleo[8], y de éstas sólo un 75% está bajo contrato indefinido, un 17,3% a plazo fijo y un 5,4% por obra o faena[9]. Ante estas estadísticas el Comité ha recomendado al Estado la generación de un sistema general de supervisión de los contratos, sobretodo de las mujeres trabajadoras temporales, llamándolo a tomar medidas para acabar con esa discriminadora práctica que las pone en condiciones de trabajo particularmente precarias[10].

Las empresas también están llamadas a estas medidas antidiscriminatorias, y no sólo por un imperativo ético, si no también económico-productivo, toda vez que al no capitalizar todo el potencial de la mitad de la sociedad, están asignando mal sus recursos humanos y están así debilitando su potencial competitivo. Podemos decir, por consiguiente, que la participación de la mujer en el mercado del trabajo formal y con calidad de empleo es directamente proporcional a la productividad de la empresa, al crecimiento económico del país, a la reducción de la pobreza, y al aumento del ingreso per cápita promedio[11].



[1] Banco Mundial; Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM); Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Cómo Capitalizar el Potencial Económico de Chile ampliando las Opciones Laborales de la Mujer, Diagnóstico de Género. Op. Cit. p. 28-29.

[2] Instituto Nacional de Estadísticas, Minuta Resultados Encuesta Nacional de Empleo Ocupación por Rama de Actividad Económica en el Trimestre octubre-diciembre de 2007. Santiago, 2007. p. 11.

[3] Naciones Unidas, Informe de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijing, Septiembre de 1995. p.119.

[4] Ibid. p.106.

[5] Encuesta Nacional de Empleo Ocupación por Rama de Actividad Económica en el Trimestre octubre-diciembre de 2007. Op.Cit. p. 11

[6] Eterovic, Carolina, Mujeres líderes en el mundo global de los negocios, conectadas para hacer un mundo de diferencia, Presentación para el Encuentro Internacional de Emprendimiento 2006, Organizado por Universidad Central de Chile, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, 28 de Marzo de 2006, Santiago. p. 7.

[7] Ministerio del Trabajo, Balance de la Situación Laboral de las Mujeres en Chile, 1997 - 2006. En: http://www.mintrab.cl/descargar/balance_slm97-06.pdf, visitado el 17-11-2007.

[8] Medina Quiroga, Cecilia, La Situación de los Derechos Humanos de las Mujeres según el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer, Observaciones Finales realizadas por el Comité al Cuarto Informe Periódico de Chile, Anuario de Derechos Humanos, Universidad de Chile, Santiago, 2007.

[9] Dirección del Trabajo, Departamento de Estudios, Encuesta Laboral 2004, Santiago, 2005.

[10] Naciones Unidas, Observaciones Finales del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer: Chile, 36° período de sesiones. 2006. Párr. 11.

[11] Valdés E., Teresa; Fritz H.; Heidi, Estrategias de Transversalización de Género, 2006-2007, PNUD, Santiago, 2006. p.17.

Última actualización el Domingo, 07 de Septiembre de 2008 20:32
 
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