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Participación de las mujeres en el mundo del trabajo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Camila Alvear   
Domingo, 27 de Julio de 2008 18:48

La participación de las mujeres en el mundo del trabajo formal ha sido históricamente mucho más baja que la de los hombres, lo que se explica fundamentalmente por los roles asignados a cada género. Es así como se ha entendido tradicionalmente que el rol social del hombre es el de proveedor de los recursos, y el de la mujer el cuidado doméstico de los hijos y del hogar.

 

Esto ha ido cambiando con el paso del tiempo, ya que se ha sumado al interés social de las mujeres en su desarrollo académico y profesional, una creciente demanda del mercado por más mano de obra, y del sistema social en su totalidad por el incremento de la población activa para la supervivencia de los sistemas de seguridad social, que se han visto perjudicados al invertirse la pirámide poblacional.

 

La plena incorporación femenina al trabajo no es simplemente una reivindicación igualitaria, sino una necesidad económica y social. Es así como, aun evidenciando que el número de mujeres en Chile es superior al de hombres, la cantidad de trabajadoras es todavía increíblemente inferior a la de trabajadores.

Evolución de la fuerza de trabajo femenina

En el transcurso de 20 años la tasa de participación laboral femenina en Chile ha aumentado progresivamente en casi 10 puntos porcentuales; en el año 2006 alcanzó un 38,5%, y la de los hombres un 71,7%[1].

 

El Boletín Informativo del Instituto Nacional de Estadísticas, Enfoque Estadístico-Mujer y Trabajo 1999 - 2006, nos permite decir que entre 1996 y 2006 fueron 800.000 las mujeres que se sumaron a la población ocupada[2], siendo esta incorporación más pronunciada en períodos de mayor crecimiento económico y, por tanto, de mayor creación de empleo.

 

Estas cifras sólo cobran sentido al compararlas con las de otros países; por ejemplo, en la Unión Europea la participación de las mujeres alcanza un 56,3% y pretende llegar a un 60% en el 2010[3].

 

Pero, sin ir tan lejos, al compararnos con países de similar o incluso inferior nivel de desarrollo socioeconómico -como Uruguay y Paraguay que según datos del año 2005 registraron un porcentaje de participación femenina de 50,9% y 51,5% respectivamente- las estadísticas continúan estando en nuestra contra[4]. Esta situación no mejora nada en relación con otros países de América Latina y el Caribe, ya que en cualquier caso quedamos en último lugar.

 

Al apreciar estas estadísticas hay que tomar en cuenta que la participación laboral de las mujeres padece de un subregistro superior al de los índices masculinos, según encuestas del Ministerio del Trabajo. Si se consideran los trabajos informales, aquellos en que se realizan actividades legales, pero que no cumplen con la normatividad laboral, de seguridad social, tributaria o de otra naturaleza, la fuerza de trabajo femenina aumenta en un 14,1%, en cambio la masculina sólo en 2,6%[5]. Si sumamos este subregistro al porcentaje que representa la participación femenina formal en Chile, estaríamos sólo 3 puntos bajo el promedio de la Unión Europea.

 

En el análisis de la participación laboral de las mujeres, nos cabe también hacer referencia a la desocupación femenina, que se refiere a la cantidad de mujeres que estando en edad activa carecen de empleo o se encuentran en busca de uno, lo que nos ayudará posteriormente a determinar cuál es la causa de la baja participación laboral de las mujeres.

 

Acompañado al alza progresiva de la participación femenina, se ha presentado un descenso en la tasa de desempleo, que cayó un dígito en el 2006, por primera vez desde 1999[6]. Sin embargo, podemos evidenciar también que las tasas de desempleo masculinas tuvieron un descenso aún más marcado, lo que lleva a que la brecha entre ambas tasas de desempleo aumente hasta en 2 puntos porcentuales[7]. Lo anterior significa que las mujeres continúan teniendo menos posibilidades de encontrar trabajo que los hombres y, a la vez, más de caer en desempleo, lo que naturalmente empeora aún más su situación laboral y contribuye a la feminización de la pobreza, como se conoce la concentración de la pobreza en aquellos hogares donde la mujer es la proveedora.

 

Por otra parte, podemos agregar que la tasa de desempleo es más alta en el trabajo urbano y entre mujeres que provienen de hogares de ingresos bajos[8], sumando a la feminización de la pobreza un nuevo factor; el círculo de la pobreza, entendido como la dificultad que se presenta al intentar romper las cadenas de un pasado de escasez.

 

Así vemos como, además de los perjuicios que provoca el desempleo en si mismo, hay consecuencias que calan hondo en la sociedad, como son la pobreza y ciertos factores sicológicos, tales como el desaliento que produce en las mujeres la escasa esperanza de conseguir un trabajo ante las altas tasas de desempleo.

 

En todo caso, es conveniente tener en cuenta un tema que es advertido en el citado informe del Instituto Nacional de Estadísticas; y es que la tasa de participación femenina, a diferencia de la masculina, presenta una alta variabilidad de un año a otro y entre períodos, lo que hace difícil una explicación más acuciosa de su comportamiento[9].

 

Al analizar la participación de las mujeres en el trabajo es importante tener en consideración otros elementos como son las desigualdades socioeconómicas y educativas entre mujeres, y la edad como factor de discriminación.

 

Las desigualdades que se producen no sólo en la relación con los hombres, sino también entre las propias mujeres, ya que las diferencias educacionales y económicas y la juventud e inexperiencia las afectan de diferentes maneras, y pueden empeorar aún más la discriminación laboral que sufren, como veremos a continuación.

 

En cuanto a la situación socioeconómica podemos distinguir que las tasas de participación de las mujeres de ingresos más bajos son significativamente inferiores al promedio. Mientras en la población con mayor número de años de estudio la tasa de participación femenina supera el 44%, en la población pobre e indigente apenas bordea el 31%[10].

 

Según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el 2006, 7 de cada 10 mujeres con educación universitaria estaban en la fuerza de trabajo, a diferencia de aquellas mujeres que contaban con seis o menos años de estudio, de las cuales 8 de cada 10 se encontraban fuera del mercado de trabajo[11]. Así vemos que la mayor participación laboral de las mujeres se encuentra determinada por los años de estudio, donde a mayor escolaridad, mayor es la tasa de participación económica. Sin embargo hay que tener también en consideración que a mayor escolaridad aumenta también la brecha salarial entre hombres y mujeres, toda vez que a similar nivel de escolaridad los hombres ganan más que las mujeres, y esta diferencia va a aumentando mientras mayor es la educación o mientras más alto es el cargo que ocupa, sobre esto nos referiremos con mayor detalle más adelante cuando analicemos las consecuencias de la discriminación[12].

 

Como ya mencionamos, también la juventud y falta de experiencia son factores de discriminación que afectan más a las mujeres, tanto en su relación con los hombres como en la competencia entre ellas mismas.

 

El Balance de la Situación Laboral de las Mujeres en Chile 1997 - 2006, elaborado por el Ministerio del Trabajo, deja en evidencia que la situación es aún más desventajosa para las mujeres jóvenes, quienes deben enfrentar barreras más altas que los hombres al momento de ingresar al mundo del trabajo, lo que conlleva que su tasa de participación, respecto a los hombres, sea todavía más baja[13].

 

Más del 15% de los hombres jóvenes y más del 20% de las mujeres jóvenes se encontraban desempleados en 2005; en el grupo de entre 20 y 24 años la tasa de participación de los hombres era de un 64,7%, mientras que de las mujeres sólo de un 39,8%. Ello también se reflejó en las tasas de desempleo, que para las mujeres fueron mayores en un 4,4%[14].

 

La falta de empleo es un problema que afecta especialmente a los y las jóvenes, ya que en comparación con los adultos, se ven expuestos a mayores niveles de incertidumbre  económica y social. De acuerdo con un informe de la OIT sobre las tendencias del empleo juvenil en el mundo, la probabilidad de estar desempleado es 3,5 veces mayor para los jóvenes que para los adultos[15].

 

Se han propuestos diferentes hipótesis para intentar explicar el porqué de esta alta tasa de desempleo; la que ha tenido mayor apoyo hace hincapié en la transición demográfica de nuestro país, que muestra que las personas están trabajando más años de su vida, lo que sumado a la falta de nuevos empleos para los jóvenes que van ingresando y los obstáculos construidos para proteger a los que ya tienen empleo, hace muy difícil a los jóvenes, sobre todo a las mujeres, ingresar al mercado del trabajo[16]. Otras hipótesis se centran en un posible desajuste entre los sistemas de educación y capacitación -lo que los jóvenes estudian- y los requerimientos reales de las empresas, generando incongruencias entre la oferta y la demanda de trabajo[17].  Por otra parte se cree que también influye en las altas tasas de desempleo juvenil que los y las jóvenes tengan aspiraciones sobre su inserción en el trabajo que resulten incongruentes con la realidad laboral, por lo que tendrían un período más largo de búsqueda y por tanto de desempleo. A esto se debe sumar la breve permanencia que se logra en el primer puesto de trabajo, ya sea por una falta de información sobre el funcionamiento de las empresas, o por falta de experiencia y de antecedentes laborales, considerando además que los y las jóvenes son los primeros en ser despedidos por necesidades de la empresa, ya que es más oneroso desprenderse del personal con mayor experiencia y/o antigüedad[18].

 

Finalmente explicaciones más macroeconómicas indican que ciclo económico afecta más la inserción laboral de los jóvenes que la de los adultos, lo que se explicaría en que ante altas tasas de desempleo, las familias para aumentar su oferta laboral incorporan a los miembros más jóvenes, entrando al mercado laboral en un escenario adverso[19].

 

Podemos concluir que la conjunción de todas las circunstancias expresadas lleva a muchos y muchas jóvenes a abandonar sus estudios sin lograr a cambio una inserción adecuada en el mundo del trabajo, haciéndolos más vulnerables a la exclusión social.

 

Estos datos dejan en evidencia que al adoptar medidas correctoras se tendrá que tener en consideración también otros factores que inciden en el acceso al mercado laboral, ya que la discriminación no afecta a todas las mujeres por igual y, como sucede en todo ámbito, quienes se ven más perjudicadas son aquéllas que tienen menos ingresos y menor nivel educacional.



[1] Ministerio del Trabajo, Balance de la Situación Laboral de las Mujeres en Chile, 1997 - 2006. En: http://www.mintrab.cl/descargar/balance_slm97-06.pdf, visitado el 17-11-2007.

[2] Instituto Nacional de Estadísticas, Boletín Informativo del Instituto Nacional de Estadísticas, Enfoque Estadístico-Mujer y Trabajo 1999 - 2006. Op. Cit. p. 3.

[3] Comisión Europea, El Empleo en Europa 2006, Dirección General de Empleo, Asuntos Sociales e Igualdad de Oportunidades, Octubre de 2006. Tabla 5, p. 35.

[4] Instituto Nacional de Estadísticas, Boletín Informativo del Instituto Nacional de Estadísticas, Enfoque Estadístico-Mujer y Trabajo 1999 - 2006. Op. Cit. p. 3.

[5] Ministerio del Trabajo y Previsión Social, Situación de la Mujer en el Trabajo, Temas de Interés. En:  http://www.mintrab.gob.cl/programas_mujer_temas_02.php, visitado el 22-11-2007.

[6] Reinecke, Gerhard; Velasco, Jacobo, Chile Informe de Empleo Para el año 2006, Oficina Internacional del Trabajo, Oficina Subregional para el Cono Sur de América Latina, Santiago, 2007. p.5.

[7] Ibid. p.5.

[8] Banco Mundial; Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM); Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Cómo Capitalizar el Potencial Económico de Chile ampliando las Opciones Laborales de la Mujer, Diagnóstico de Género, Santiago, 2007. p. 21.

[9] Instituto Nacional de Estadísticas, Boletín Informativo del Instituto Nacional de Estadísticas, Enfoque Estadístico-Mujer y Trabajo 1999 - 2006. Op. Cit. p. 4.

[10] Larraín, Felipe, "Pobreza y distribución: ¿Cuán buenas son las nuevas?", El Mercurio On line, Martes 19 de Junio de 2007. En: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=28156, visitado el 18-11-2007.

[11] Reinecke, Gerhard; Velasco, Jacobo, Chile Informe de Empleo Para el año 2006, Oficina Internacional del Trabajo. Op. Cit. p.5.

[12] Naciones Unidas, Observaciones Finales del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer: Chile, 36° período de sesiones, 2006. Párr. 11.

[13] Ministerio del Trabajo, Balance de la Situación Laboral de las Mujeres en Chile, 1997 - 2006. En: http://www.mintrab.cl/descargar/balance_slm97-06.pdf, visitado el 17-11-2007. p.6.

[14] Ibíd. p. 6.

[15] Oficina Internacional del Trabajo, Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil, Ginebra, 2004. p. 12.

[16] Paredes, Ricardo; González, María Paz, Factores Demográficos y la Oferta de Trabajo en Chile, Documento de Trabajo Nº 81, Departamento de Economía Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de Chile, Marzo de 2002, http://econ.uchile.cl/public/Archivos/pub/87d5325e-e327-4e59-b3e6-a98483cdc890.pdf, visitado el 02-01-2008.

[17] Lépore, Eduardo; Schleser, Diego, Diagnóstico del Desempleo Juvenil, Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, Empleo y  Seguridad Social, Argentina, 2004. p 178.

[18] Ibid. p. 179.

[19] Lépore, Eduardo; Schleser, Diego, Diagnóstico del Desempleo Juvenil. Op. Cit. p. 179.

Última actualización el Domingo, 07 de Septiembre de 2008 20:31
 
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