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La escasa experiencia laboral es un factor en el que la edad, las diferencias socioeconómicas y el sexo influyen de manera decisiva, ya que el mercado actual es cambiante y demanda formación continua en las personas que forman parte de él.
Si bien las mujeres jóvenes conforman el grupo donde se centra la mayor participación femenina en el mercado laboral, no por eso se salvan de ser discriminadas, toda vez que su falta de experiencia es utilizada comúnmente como argumento para no contratarlas o hacerlo en puestos de baja jerarquía y salario, lo que ocurre de forma más persistente que en el caso de los hombres[1].
Muchas veces las mujeres poseen poca experiencia laboral por haber dedicado los años jóvenes de su vida -aquellos años que los hombres dedican a generar experiencia laboral- a la crianza y cuidado de los hijos. Al intentar ingresar al mercado del trabajo, lo que ocurre generalmente cuando sus hijos están lo suficientemente grandes como para dejarlos solos en la casa, existe ya un abismo entre su experiencia y la de hombres o mujeres con mayor preparación y capacitación[2].
A continuación nos referiremos a las consecuencias que las discriminaciones generan en la forma en que la mujer se relaciona con el trabajo. De esta manera, sabiendo que la baja participación de las mujeres en el escenario laboral tiene su origen en prácticas discriminatorias de las empresas, debemos preguntarnos qué consecuencias trae la discriminación en la vida de las mujeres.
[1] Instituto Nacional de Estadísticas, Boletín Informativo del Instituto Nacional de Estadísticas, Enfoque Estadístico-Mujer y Trabajo, Marzo de 2007.
[2] Paqui Jiménez, Martín; Mujer y mercado de trabajo desde una perspectiva de intervención social, Instituto Juan de Herrera, Madrid, 1999.
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