Liderazgo Empresarial como Liderazgo Ético y Socialmente Responsable PDF Imprimir E-mail
Escrito por Prof./Dr. Iván Raimundo Canales Valenzuela   
Martes, 07 de Abril de 2009 22:13

Esta columna tiene por objetivo reflexionar sobre, quién es o cuál debe ser el rostro de un líder o directivo empresarial social y éticamente responsable.En las dos columnas anteriores hemos hablado de responsabilidad social empresarial y del concepto de gestión como gestión de buenas ideas. Ahora nos corresponde reflexionar sobre la persona del líder empresarial o del directivo sobre el cual cae la responsabilidad de conducir sustentablemente a la empresa, económica, ambiental y socialmente. Nuestra interrogante heurística es, por tanto, ¿quién es este líder o directivo que lleva a la práctica este nuevo concepto de empresa?

Lo primero es subrayar que es indudable que en términos personales este nuevo líder o directivo debe poseer valores éticos y una conducta moral acorde con el respeto irrestricto a la dignidad de las personas y a las normas de vida buena que la sociedad se da a sí misma. Ello implica, a lo menos un líder o un directivo, con el carácter bien formado. Es decir, que posee, sentimiento moral; conciencia moral; sentido de alteridad o de filantropía o amor por el prójimo (respeto, y capacidad de compasión) y, por último, posee una elevada autoestima de sí mismo (seguridad en sí mismo) y por tanto, no se deja amenazar por las competencias y el liderazgo de sus pares, sus superiores y subordinados. Cuando faltan algunos de estos cuatro elementos en la formación del carácter del líder o directivo empresarial, es altamente probable que dicho líder exhiba en su desempeño como conductor, importantes déficits morales y éticos.

Sin embargo, hoy día estas consideraciones anteriores son insuficientes para comprender cabalmente cuál es el rol ético del directivo de empresa. Pues la primera exigencia es que sea profesionalmente competente en el desempeño de su cargo, es decir, debe ser un buen administrador y ante todo un buen gestor. Pero también es preciso que el líder empresarial sea un buen comunicador, un buen emprendedor, que es capaz de convocar a pares, a subordinados y a superiores a la construcción de objetivos comunes. También debe comunicar y convocar a la sociedad civil (consumidores) y política (administración pública) a comprometerse con este quehacer empresarial, puesto que sin ellos la empresa no se hace sustentable ni económica, ni socialmente. Desde esta perspectiva, al nuevo líder empresarial se le está exigiendo hoy, un liderazgo integral, es decir, el liderazgo de un comunicador éticamente responsable.

Dicho liderazgo debe poder integrar armónicamente, la generación de riqueza, el dar respuesta a necesidades sociales y la evaluación de las dimensiones de su productividad. Todo ello en el marco de unos valores éticos compartidos por quienes se relacionan con la empresa, desde los trabajadores a los directivos pasando por los proveedores y clientes (cfr. A. Cortina 1998, p. 101). Para lograr este objetivo es esencial que el directivo se haga responsable de la elaboración de una memoria de la empresa orientadora del proyecto, pues allí se marcan las metas alcanzables, que van a orientar la definición o redefinición de las tareas de todos; memoria en la que se asume el pasado y proyecta también nuevos desafíos y tareas, y en este sentido es también una memoria de innovación. Es desde la memoria empresarial que es posible liderar un proyecto de cooperación integral de todos quienes participan en ella. Dicha memoria es un poderoso instrumento para la integración dinámica y armónica de lo institucional y de lo personal. Es decir, el nuevo liderazgo empresarial debe generar las condiciones para detectar a tiempo, y pueda corregir las posibles desmesuras de la institución cuando intenta considerar a las personas sólo como números, elementos, funciones o factores.

Sólo en la medida en que se articulen dimensión institucional y personal armónicamente, podemos hablar de un liderazgo integral en el proyecto de empresa. Es en este contexto donde debe generarse una cultura empresarial que de respuesta al menos a cuatro cuestiones claves: a) el papel que juega la tecnología en la empresa; b) el modo de entender y evaluar la calidad de los servicios, la productividad en el trabajo, el grado de satisfacción personal y el grado de respuesta a las exigencias sociales y medioambientales; c) el modo de ejercer el poder, en todos y cada uno de los niveles de la administración y gestión; d) la clarificación de la imagen de hombre que esta empresa implica. Esta es una de las condiciones para que la convergencia entre lo institucional y lo personal no se pervierta en mera coexistencia.

Cuando el líder o los directivos empresariales atienden a todas estas consideraciones, entonces se produce un liderazgo donde prima la responsabilidad por sobre el aparato anónimo. Responsabilidad que es fundamental para que trabajadores y directivos; clientes y proveedores, alcancen una mayoría de edad económica. "Unos y otros asumirán conscientemente el papel y el lugar donde puedan ejercer al máximo las prerrogativas de la persona: responsabilidad, iniciativa, dominio, cooperación, creación y libertad" (A. Cortina 1998, p. 104).

Referencia:
Cortina Adela (1998). Ética de la Empresa. Claves para una nueva cultura empresarial. Madrid: Trotta.

Última actualización el Martes, 07 de Abril de 2009 22:50
 
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