|
En el contexto de la actual crisis económica mundial es necesario reflexionar sobre la confianza como condición necesaria de todo buen negocio posible, pues confianza y credibilidad están a la base de la posibilidad de intercambio entre productores y consumidores de bienes y servicios. En nuestra columna anterior señalábamos que, una de las causas principales de la crisis económica actual, estaba el hecho de que las inmobiliarias generaron negocios poco confiables o no sustentables, los bancos generaron productos financieros tóxicos y las acreditadoras de capital, francamente, mintieron. Por tanto, se llegó a una situación en que nadie confiaba en nadie, es decir, todos querían vender porque dudaban sobre si sus productos financieros pudiesen ser buenos o tóxicos, y nadie quería comprar porque no confiaban en que el producto comprado pudiese ser bueno o "no tóxico". Esta espiral de desconfianzas mutuas en la economía financiera fue traspasada hacia la economía real, donde nadie quería invertir en un contexto de crisis económica financiera global, pues el riesgo se hacía demasiado alto. Por tanto, se contraen los mercados y quienes siguen en carrera ven mermadas sus ganancias porque no hay poder comprador.
Estos son grosso modo los efectos de la crisis de confianza en la economía mundial. La confianza es algo con lo que se cuenta cotidianamente en todo orden de cosas, sólo la echamos de menos cuando se pierde. Es entonces cuando cabe preguntarse seriamente ¿qué es la confianza? ¿cómo se construye o se genera? pues urge recuperarla. Lo primero es señalar que la confianza es un dispositivo estético y actitudinal de enorme complejidad. La confianza se forma siempre a partir de un conjunto de acciones y actuaciones que se configuran funcionalmente, la cual es una precondición estética de toda ética posible. Decimos que la confianza es una precondición estética, porque se configura desde una inteligencia que esencialmente es afectiva y emocional, con una sólida base biológica (adecuada nutrición y salud física) donde los sentimientos como el amor de sí, amor a otros, el sentido de lo bello y de lo bueno son elementos y pasos funcionales fundamentales del algoritmo actitudinal que denominamos "confianza". Por tanto, el término "estética" define aquí a una realidad que, en lo principal, se configura desde la sensibilidad o desde el sentir y desde las emociones o desde el emocionar y desde la afectividad, y todo ello modulado por actos intencionales y voluntarios. La confianza es el resultado de un proceso de integración al interior de una variable fundamental, a saber, el carácter. La cual presupone a lo menos, los sentimientos de autoestima personal, amor y respeto por el prójimo, sentimiento de lo bello y de lo bueno; habilidades sociales como la empatía, la solidaridad y la competitividad; actitudes como la honestidad y veracidad y capacidades como la disciplina de trabajo y la disposición al trabajo colaborativo. La confianza implica, entonces, formación del carácter, el cual hace de ésta una variable independiente y única que es esencia para toda actuación ética posible. Por el contrario, desde una estética, egocentrista, narcisista, individualista, sin disciplina de trabajo y capacidad de trabajo colaborativo, no se puede construir confianza y menos aún un escenario personal y social éticamente sustentable. Es posible que las personas se puedan relacionar entre sí desde las desconfianzas mutuas, sin embargo, ese no es un escenario social, de negocios, y laboral sustentable a mediano y largo plazo. Por otro lado, no es razonable ni ético pensar que los únicos objetivos económicos y de negocios válidos sean los de corto plazo, como, por ejemplo, los configurados desde la codicia y la irresponsabilidad social y económica de los empresarios del salmón en Chile.
Hasta este lugar queda claro que la confianza es una variable o constante estética universal que está a la base de la configuración ética de todo buen negocio posible. La presencia de esta constante estética en la empresa se puede medir con instrumentos que auditan la presencia de una mala o buena formación del carácter. Un índice negativo de buenas prácticas éticas y de responsabilidades empresariales, es un indicador de que es probable que en directivos mandos medio y personal en general haya importantes déficits en la configuración de esta constante. Podemos expresar la relación que hay entre buenos negocios y constante estética universal y buenas prácticas empresariales a través de la siguiente fórmula: BN = Ceu x Ibpe BN es la cantidad de buenos negocios, rentables y sustentables a mediano y largo plazo. Ceu es la magnitud de la Constante Estética Universal (confianza). Ibpe es el Índice de Buenas Prácticas Empresariales. Lo importante de esta relación es poder visualizar, que si el índice de confianza cae a cero, entonces la posibilidad de realizar buenos negocios también se reduce a cero. O de otro modo, si el índice o magnitud de la confianza cae a cero, ello es indicativo de que la configuración de la Constante Estética Universal está enormemente deteriorada, y como consecuencia de lo anterior, probablemente el índice de las buenas prácticas empresariales sea manifiestamente negativo.
Estas reflexiones que a primera vista parecen obviedades, son indispensables pues, el análisis es relevante porque muestra claramente que la generación y configuración de confianzas tiene su suelo nutricio y sus pilares fundamentales, no en el cumplimiento de abstractas normas éticas, sino en la configuración estética del carácter de directivos, mandos medios y empleados en general. Sólo en el contexto de una sólida configuración de la constante estética universal (confianza carácter), las normas y las indicaciones éticas resultan ser fructíferas para la configuración de buenos negocios económica, social y medioambientalmente, sustentables. Pues, cuando esta constante se deteriora en forma importante, las condiciones éticas y de RSE se convierten en mero maquillaje para mejorar la imagen pública y con ello esconder las evidentes malas prácticas empresariales.
Por último, para generar construcción de confianza lo prioritario es configurar o reforzar, sistemáticamente, la formación del carácter de todo el recurso humano que labora en la empresa, desde directivos hasta los empleados de menor rango. Esta formación del carácter antiguamente la entregaba la casa.
Actualmente la familia ha renunciado a este privilegio educativo, pues no lo forma. El colegio tampoco lo hace, porque entre otras cosas tampoco es su rol principal. Las universidades y las escuelas de negocios tampoco se han hecho cargo de esta tarea sistemática y curricularmente. Ha sido necesaria una crisis económica de magnitud global para que estos temas sean reconsiderados por economistas, empresarios y escuelas de negocios. Y sin embargo, el tema no es sólo de más ética o más normas de responsabilidad social empresarial, más talleres de coaching, etc. Todo esto es necesario, pero sólo será fructífero si se siembra en el suelo nutricio de un carácter, una confianza o unas precondiciones estéticas que son muy difíciles y complejas de configurar.
Hacer caso omiso de la configuración de este suelo nutricio será simplemente como sembrar en el desierto. O de otro modo, sin una constante estética universal de magnitud positiva, no será posible configurar la ciudadanía económica y empresarial que reclamábamos en nuestra anterior columna. Pues sólo en el contexto de esta constante será posible que las relaciones económicas y de negocios sean efectivamente entre libres e iguales, entre personas que colaboran y se respetan mutuamente; sean efectivamente ciudadanas.
Prof./Dr. Iván Canales Valenzuela.
|