Como ya se mencionó anteriormente, las intervenciones requieren un importante grado de asertividad, más aún cuando está en juego la imagen corporativa de una empresa. Ante esto, las estrategias a abordar deben ser cuidadosamente planeadas, respetando, siempre, el doble objetivo final de dicha acción: apoyar el desarrollo de la comunidad y gestionar una mejora en la reputación de la empresa. Dicho escenario involucra una serie de actores y estrategias fundamentales que subsisten en razón del objetivo y área de producción del ente corporativo.
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