Ser verde está de moda, definitivamente, da prestigio. Ser verde es, sin duda un excelente aporte al planeta, por ende, para todos nosotros. También para las empresas. Por lo mismo, el cuestionamiento que se hace “desde lo verde” es más complejo. En el caso de las empresas, el examen del verde no pasa sólo por el hecho de que tengan buenas prácticas medioambientales, procesos limpios ni el hecho de que se minimice el impacto medioambiental. Todo esto es aplaudible y loable.
Muchas veces se critica la falta de compromiso existente de las empresas para con su entorno social más directo, pero éstas son las que muchas otras veces inciden en el desarrollo de su comunidad aledaña. Lejos han quedado los años en que el interés corporativo no contemplaba los beneficios mutuos que pueden obtenerse al interactuar positivamente la comunidad y la empresa.
De hecho, hoy en día la relación antes mencionada puede concebirse como una conexión simbiótica, es decir, tanto la sociedad como la figura de la empresa se necesitan para existir, lo cual - sin duda - no excluye el rol fundamental del Estado. (Resulta indesmentible el rol de la empresa dado el enorme terreno que ha ganado como agente de crecimiento).
En consideración de las distintas variables que presenta la actual etapa de la modernidad, la interdependencia antes mencionada opera desde el rol cada vez más activo que ha adquirido el consumidor. Es esta nueva era de la información la que permite tener consumidores más informados al momento de interactuar en un mercado determinado, por lo tanto, la empresa está siendo evaluada constantemente por parte de la ciudadanía, lo que obliga a tener un comportamiento ético responsable en razón de los outputs que genera.