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Tradicionalmente los consumidores comprábamos productos o servicios en función de su precio. Más adelante empezamos a fijarnos también en su calidad, y a rechazar determinados productos que no cumplían unos estándares mínimos, o a preferir aquellos de mejor calidad, aunque tuvieran un precio mayor. En esta evolución tuvo una gran importancia el movimiento de defensa de los derechos del consumidor, que se inició en la década de los 60s en EEUU y sirvió para situar en otro plano la relación entre consumidores y empresas.
Más recientemente los consumidores hemos comenzado a cambiar en una nueva dirección con un enorme potencial de transformación social, valorizando determinadas conductas y actitudes empresariales no únicamente relacionadas con los productos o servicios. Los consumidores empezamos a exigir un comportamiento éticopor parte de las empresas, relacionado con la sostenibilidad y calidad de vida de la sociedad y del planeta.
Los consumidores tenemos un verdadero poder a través de nuestra capacidad de elección, y podemos transformar por lo tanto nuestro acto de consumo en un verdadero acto de ciudadanía y de transformación social. De esta manera, el consumidor responsable, o consciente, puede a través de sus gestos cotidianos contribuir a un cambio significativo en las reglas y patrones de producción y consumo de la sociedad.
En los últimos años se han dado varios casos de boicots de los consumidores a empresas que violaronn flagrantemente los derechos humanos de sus trabajadores o que causaron desastres ecológicos. Basta recordar el caso de Nike, donde la empresa tuvo pérdidas económicas y de reputación significativas cuando se descubrió que usaba mano de obra infantil en el Sud Este Asiático), o el caso de la plataforma flotante Brent Spar de la empresa Shell.
Pero además de poder castigar a determinadas empresas "malas" a través del boicot, los consumidores tenemos a nuestro alcance la posibilidad de premiar a las mejores, discriminándolas positivamente. Para ello necesitamos información sobre el comportamiento empresarial, primando aquellos valores que para cada uno de nosotros sean más importantes. Puede ser la no experimentación con animales, en el caso de una empresa de cosméticos, la compra de sus materias primas a comunidades rurales desfavorecidas de países del Sur en el caso de un tostador de café o fabricante de chocolate, como las certificadas por el sello de comercio justo FLO, o la no deslocalización, manteniendo en la medida de lo posible los puestos de trabajo en su país de origen, en el caso por ejemplo de una empresa textil. Puede ser también, desde una perspectiva ecológica, la apuesta por la reducción del impacto ambiental del ciclo de producción de la empresa, y su certificación con una norma de gestión ambiental como la ISO 14,000 o la EMAS.
En este sentido en todo caso la empresa socialmente responsable tiene el deber de informar a todos sus públicos sobre sus actividades y sus impactos, positivos y negativos, en la sociedad en su conjunto. Y los consumidores responsables tenemos el deber de reconocer estas actuaciones.
Es fundamental que las empresas más responsables vean recompensados sus esfuerzos a través de los mecanismos de mercado. Así, los consumidores podemos "permitir", a través de la valorización de determinadas empresas con relación a otras, que el cambio de los valores empresariales se refleje verdaderamente en las relaciones internas y externas con todos sus públicos.
Fuente: Consumoresponsable.org
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